En el arte de la medicina, el médico debe ser el abogado del paciente y el adversario del mal. Es el paciente el que se personifica y no la enfermedad, así lo expresa el aforismo que dice que “No hay enfermedades sino enfermos”. La medicina es pues un conjunto de conocimientos variables en el tiempo, habilidades y tradiciones que se aplican para preservar la salud, la curación de los enfermos y la atenuación del sufrimiento, amplia como es, se ocupa no solo de una molécula anormal, sino también de una infancia anormal. La medicina como ciencia es incompleta, pero la ciencia misma es por su naturaleza incompleta, por otra parte, el carácter biocientífico de la medicina es un adelanto relativamente nuevo. Durante la mayor parte de la historia la medicina ha sido de todo excepto científica, y estuvo dominada por el empirismo y marcada por los dogmas. Los tratamientos eran erráticos, baladíes y peligrosos; Broussais (1772-1838) con su teoría de la “Irritación” y su norma de tratamiento de “debilitar a la enfermedad debilitando al enfermo”, con las sanguijuelas derramó mas sangre que toda la Revolución Francesa.
La ciencia y el arte de curar deben estar íntimamente vinculados. El arte de curar es la aplicación hábil de los conocimientos médicos en la atención óptima de cada enfermo. Puesto que el médico se ocupa de seres humanos que requieren ayuda, se ha presupuesto que el médico cuenta con humanidad. No obstante, hoy por hoy, campea una crisis de confianza, y las quejas se escuchan por todos lados. El incremento de la tecnología y la complejidad de la medicina, han provocado que los cuidados médicos sean más institucionalizados y su suministro mas despersonalizado. Se dice que la ciencia y la tecnología de la medicina son la causa de la disminución de la compasión, como si la ciencia y el humanismo fueran inherentemente contradictorios, así como la tecnología y la compasión. No se puede hacer más compasivos a los médicos al denigrar la ciencia. Los problemas fundamentales se encuentran dentro de la sociedad en su conjunto. El médico es reflejo de la sociedad. El médico humanista será el que le de una mayor prioridad al servicio de la humanidad que a la gratificación personal, y esa es una característica constante de todo médico verdaderamente grande.
Nadie debería ingresar a la escuela de medicina sin estar plenamente consciente de la tradición ética. Existen imperativos éticos implícitos, como buscar el beneficio del paciente, evitar el daño, ser respetuoso y compasivo, preservar la confianza, conservar la capacidad. Algunos médicos no honran esta tradición ética, las influencias sociales y económicas ejercen presiones negativas en este sentido. No obstante, los ideales son claros y su fortaleza en muchos médicos individuales es notable.
Deseo desde el contexto actual (tiempo-espacio y espacio-tiempo), donde nuestro sector esta viviendo una serie de dificultades, donde todos estamos conscientes de su dimensión y de alguna manera estamos involucrados. Considerando este momento, deseo reflexionar sobre algunas ideas, donde la decisión final será parte de cada uno de nosotros, la cual dependerá de principios, valores, aptitudes, vocación, elementos que son para nuestra carrera fundamentales y por que no decirlo, indispensables, durante todo nuestro proceso, digo proceso, porque iniciamos como estudiante, continuamos como profesionales y al final como Maestros.
Yo siempre me hago estas preguntas y considero que muchos se las deben hacer: ¿Qué derecho tiene el médico de ordenarle a un paciente a realizar un tratamiento en contra de su voluntad?...
¿Qué seguridad tenemos que el paciente va a seguir nuestras indicaciones?
Pues para eso tenemos que detenernos al análisis de la “ETICA BIOLOGICA, DE UNA ETICA MEDICA”, y es para que la ciencia médica mejore la condición de vida del ser humano, no pierda de vista que trabaja con seres autónomos y con conciencia de si.
Para poder lograrlo es menester que todas las partes involucradas en el problema de la salud y de la ética den su opinión, y de una opinión de consenso poder recorrer el camino de los problemas que surjan de las relaciones cotidianas entre médico paciente, y puedan lograr su función.
En la actualidad hay un renacimiento del interés en la ética médica, que no se origina como se podría pensar, en una epidemia de inmoralidad en los médicos, sino para adecuar sus principios a las nuevas situaciones, por ejemplo los “Comités Dios” que escogen los pacientes que serán beneficiados con trasplantes o con terapias para el cáncer, en los que se prioriza un vago “valor social”, semejante a la escogencia de los beneficiados con botes salvavidas durante el hundimiento de el Titanic.
Los estudiosos de la medicina, de la filosofía, teología, sociología y derecho, han intentado analizar con sentido crítico los principios generales de la ética y definir como se aplica a la ciencia contemporánea y a la práctica de la medicina. De esta forma se ha originado una nueva disciplina que se llama Bioética. Los temas considerados son conflictivos. El médico debe tomar decisiones sobre el cuidado del paciente que a menudo tienen implicaciones éticas. Aquí los conceptos generales y abstractos se vuelven particulares y concretos.
Pero a todo esto existe un elemento que no debemos dejar de mencionarlo, el avance de la técnica, éste no solo ha afectado al hombre en la relación médica, sino que ha favorecido la pérdida del calor humano, ustedes saben que muchos procedimientos han avanzado gracias al desarrollo tecnológico, lo que si bien es cierto ha sido de excelentes resultados, también es cierto que se ha perdido algo de lo que todos clamamos. El que nos escuchen nuestros males, que compartan nuestros dolores, que venga el médico y converse con el paciente sobre los males que le aquejan. Por esa causa, la técnica en la medicina no puede desarrollarse lejos de un espíritu de amor a nuestros semejantes y de una tradición humanista, “Si hay dos culturas que parecen incompatibles una con la otra –ciencia y humanidades-, y si esto es parte de la razón del hombre y su futuro se muestra tan incierto, entonces posiblemente deberíamos tender un puente hacia el futuro fortaleciendo la disciplina de la Bioética como un puente entre las dos culturas”.
Desarrollar la Bioética es tan crucial como el mismo desarrollo de las técnicas que permiten los adelantos científicos, lograr un progreso conjunto es lograr que la fría teoría de la ciencia entre en contacto con lo mejor del espíritu humano que es el espíritu de Dios.
Hablar de Bioética es hablar del “estudio sistemático de la conducta humana en el área de las ciencias de la vida y la atención de la salud, en tanto que dicha conducta es examinada a la luz de las leyes de los principios y valores morales”
Juan Cap. 13,34: Cita el mandamiento que nos dejó Nuestro Señor Jesucristo: “Un mandamiento nuevo os doy: que os améis unos a otros como yo os he amado”.
Un elemento que siempre tengo presente es lo que llamo, HUMANISMO, amor al humano, palabras de consuelo, búsqueda de alternativas del avance de la ciencia para ayudar a esos males, y por muy dolorosos que estos sean, siempre podemos ayudar. La fe en Dios y la confianza en el médico es vital para la asimilación de un tratamiento o también para un rechazo.
Platón decía: “El problema de nuestros médicos es que separan el alma del cuerpo”.
No basta con tener una actitud sincera cuando, por ejemplo, se trata de descontinuar los sistemas que mantienen la vida del enfermo. No es suficiente leer un ensayo patético acerca de “morir con dignidad”. Es necesario valorar los problemas éticos con la misma habilidad que los problemas de índole médica. Es posible formular un método para tomar decisiones éticas. Es evidente que no siempre se alcanzarán las mejores conclusiones, pero la revisión cuidadosa puede aclarar lo que a menudo se ve confuso, y ayuda a evitar los dos extremos que a menudo distorsionan la decisión clínico-ética: la acción precipitada o la indecisión paralizante. Es responsabilidad del profesional competente juzgar la propiedad moral y ética de los actos médicos, expresar la perplejidad ética, discernir los hechos, exponer los prejuicios y examinar a conciencia los principios pertinentes. No sabemos como el mal penetró el mundo causando tanto dolor, hoy debemos estar muy despiertos para evitar que el no acatamiento de los principios éticos introduzca un mayor mal en el mundo, porque ya sabemos que los sueños de la razón engendran monstruos.
Nunca olvidemos la idiosincrasia, la sensibilidad del ser humano, la cual requiere de nuestra solidaridad.
Reflexionemos y siempre busquemos alternativas que no nos haga perjurar de nuestra misión de salvaguardar la vida.
Finalmente quiero enfatizar que como médicos somos responsables de ayudar al ser humano a tener salud para que éste pueda conservar su vida.
Que Dios bendiga a la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Católica del Trópico Seco de Estelí.
Dr. Israel Kontorovsky Artola
Decano